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Músicas del sur (quienes somos...) PDF Imprimir E-Mail

1. necesidad

Como músicos perseguimos el fin de exponer nuestras músicas en un acto profundo de comunicación con el público, ese acto nos hace músicos, ese acto es el que completa nuestra camino creativo, nuestra obra.
Ese acto que se produce esencialmente en un concierto intenta reproducirse, aunque de otro modo, en cada disco. El disco, el objeto disco, es para el músico, la posibilidad -hoy remota- de una fuente de ingresos. Y además de una etapa de su proceso creativo, es la posibilidad de un (re)encuentro entre las músicas y el público, es por eso, mediación, entre el público y el músico.
Pero lo que el disco es para el músico no lo es necesariamente para el mercado y las industrias discográficas.

Dice un informe de la secretaría de cultura de la ciudad de Buenos Aires: (1) ...“la posibilidad de capturar la música en un soporte físico para su posterior reproducción, permite que se la cosifique y, al independizar el consumo de la ejecución, la deslocaliza permitiéndole llegan a un número virtualmente ilimitado de consumidores”
Deslocalizar la obra, independizarla del proceso creativo, enajenarla de su identidad, de su ser obra.
Del mismo modo que al industria aísla y deslocaliza la obra del proceso creativo que incluye al artista, fragmentándola, “deshistorizandola”, lo mismo hace con el músico. Obra y artista forman, dentro de la industria y por su propia lógica, parte de la misma cadena de producción y a la vez, de reproducción ideología, que son lo propios “contenidos” discográficos.
Pero no debemos pensar a la industria discográfica tal como se la conocía hace veinte años (los `70 o `80), sino que estas, hoy, forman parte de la misma estructura económica global es decir: conglomerados económicos, multimedios, multiempresariales y expansivos.
Con sucursales en todo el planeta, y con una lógica de mercado mundial, las típicas discográficas se han transformado en grandes empresas de multimedios, servicios de Internet, Servicios de información, etc

Por lo que los contenidos discográficos producidos por estas industrias son, hoy más que nunca, aquellos que sirvan, en definitiva, a la reproducción de su capital. El grado de competitividad en esos niveles industriales hacen que no se permitan la posibilidad de arriesgar producción discográfica de contenidos que tiendan a una “cultura” heterogénea diversa y por lo tanto más democrática. No, en la medida que esos contenidos no les aseguren grandes ganancias o por lo menos no les signifique grandes pérdidas. Es por ello que se destinan importantes sumas de dinero en megas campañas publicitarias para promover el “último” disco de la “ultima” estrella de cada sello; estas campañas incluyen desde la producción (pre-fabricación) de la imagen de la estrella (fotos, videos clips, etc) hasta la inversión de dinero en espacios radiales y televisivos. Es por ello que cada vez son menos las estrellas que cada discográfica decide promocionar con grandes campañas publicitarias. Para la industria el disco es una mercancía más. Y es ella, la industria, la que establece, a través de un complejo sistema de mediaciones los valores de uso y de cambio, el precio final de un disco. Pero en esos valores nada queda del valor que para el propio músico tiene su obra. De hecho la obra en sí, casi no interviene en la fijación del precio del disco, que no es más que un formato, un soporte material, que contiene un obra por así decirlo “inmaterial”. Esa “inmaterialidad”, la obra, en efecto, no es importante para la industria como tampoco lo es el artista. Este solo debe entregar una “materia prima”, “los contenidos”, que luego otros comercializarán. Como lo demuestra el absurdo porcentaje que se lleva el músico en concepto de regalías ( del 2 al 10 % aprox. dependiendo de la compañía, del artista, del tipo de arreglo, etc)

2. Músicos independientes

La idea de que existan artistas independientes encierra en si misma la afirmación de que los hay dependientes. La pregunta sería entonces ¿de qué? ¿de qué se es o no se es independiente?
Pero si bien esto nos lleva a una cantidad de otros cuestionamientos estéticos, es aceptado por la mayoría de los músicos que cuando decimos "independientes" estamos hablando en verdad de artistas autónomos, es decir que se auto producen, que se auto financian.
El problema del disco, para estos músicos implica entonces, en la mayoría de los casos ya que sabemos que hay excepciones, endeudarse para tener un objeto con el que rara vez consiguen siquiera salvar los gastos de su producción.
Estos músicos padecen además el problema de la distribución. El potencial comprador se reduce, entonces, al grupo de “sus amigos” y/o asistentes a sus conciertos, con lo que volvemos al principio. Las grandes compañías son virtualmente las dueñas del mercado, y el artista que pretenda ingresar a él o bien se somete a ellas o apuesta por la épica del artista independiente (con todo lo que ello implica).

A esto podemos sumarle, a modo de triste coda, la dificultad que enfrentan los músicos a la hora de encontrar lugares / salas para dar sus conciertos.
Esta cuestión podría considerarse en dos planos de realidad: por un lado la de los pseudo empresaios de la cultura, que suelen comportarse, lisa y llanamente como mercenarios.
Son a los que los artistas (trabajadores del arte) deben asegurarle las ganancias a las salas: porcentajes irrisorios de la venta de entradas, seguros de salas, costos del sonido que jamás ve el trabajador sonidista, etc.
Y por otro lado la de los espacios culturales alternativos: teatros independientes, centros culturales barriales, bibibliotecas, etc, esos que sostienen actividades "a pulmon" y que son en la práctica real, muchas veces, los únicos a los que la gente accede para producir cultura. Esos mismos que hoy enfrentan la persecución estatal con clausuras y amenazas de cierres.
Una vez más la historia se repite

3. Nuevas herramientas y nuevos contextos

Ante esto y dentro de un marco mundial en dónde las multinacionales discográficas han visto reducidas sus ganancias por ventas de disco debido a la irrupción de herramientas como Internet y a los formatos como el Mp3 - herramientas que han llegado para quedarse- La política comerciales de estas se ha vuelto cada vez más hostil para con los músicos que no se resignan a perder del todo su independencia artística.
Una curiosidad: a la vez que esas mismas multinacionales del disco y del audio despliegan discursos contra la “piratería” invierten cifras millonarias para desarrollar nuevas tecnologías que la facilitan y la pregonan. (ejemplo: reproductores de mp3, grabadoras de cd, insumos vírgenes, software, etc)
La posición del músico, por lo tanto y para terminar, dentro de la industria discográfica, se resume en un arco de posibilidades en la que predominan, más allá de las excepciones, solo dos: resistir y asumir la posibilidad concreta de desaparecer del mercado discográfico real o entrar en el mercado y asumir entonces la perdida de autonomía para editar, es decir de libertad creativa,

4. Entonces

musicasdelsur.com nace de la necesidad de generar un espacio de difusión y/o intercambio de música, legal, libre y gratuito y por lo tanto contra-hegemónico.
Un espacio que nos permita, en tanto músicos, difundir nuestros trabajos, al mismo tiempo que confrontar en el campo cultural con una herramienta de múltiples aplicaciones.
Nosotros decidimos ofrecer nuestros trabajos, libremente, legalmente, para que cualquier persona en cualquier parte del mundo pueda acceder y conocer nuestra obra. De otro modo sería imposible hacerlo.
Nace de la convicción de que el fin último de nuestro trabajo es lograr un acto de comunicación; y de que el mercado discográfico en esta situación mundial no solo la entorpece, sino que destruye todo intento de producirla, ya que, en definitiva, no la persigue.
Porque sabemos que los modos de producción en los que estamos inmersos se nutren de la fragmentación social (y en ella van también los artistas) y el empobrecimiento (económico y cultural) de los pueblos.
Las herramientas: Música predigerida, prediseñada, “industrializada” por gerentes de marketin que se llaman a sí mismos “productores artísticos”, por mediocres y vulgares manipuladores de máquinas que se autodenominan músicos.
El acto comunicativo degradado hasta la virtual desaparición en los medios de difusión / propagación ideológica que se auto proclaman “de comunicación”.
Sin pretender incomodar a aquellos artistas que han podido lograr a través del tiempo y de su labor artístico, un espacio, siempre relativo, dentro del mercado discográfico, casi siempre local, que les permite difundir sus trabajos a la vez que vivir de él pero sin perder de vista la tan adversa situación que la mayoría de lo músicos (autónomos de las compañías discográficas) deben atravesare par dar a conocer sus trabajos, creímos que es mejor tomar algunas decisiones y empezar a utilizar las armas que nos da este tiempo (legales y de formas de producción) para (re) construir un campo propicio para la comunicación profunda que debe existir entre el artista y sus contemporáneos, en definitiva con su pueblo.
Es decir, para restituirnos ese acto comunicativo.
musicasdelsur.com es entonces una herramienta multidinámica de difusión, de comunicación, de discusión, herramienta que nos servirá para encontrarnos a los que hacemos música y a los que les disfrutan de escucharla.


(1) “La industria del disco, Economía de las PyMEs de la industria discográfica en la ciudad de Buenos Aires”. Observatorio de Industrias Culturales de la Ciudad de Buenos Aires Subs. De Gestión e Industrias Culturales
Comentarios
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Javier Martiniano  - quiero formar parte de musicas del sur     |190.51.58.xxx |2009-06-22 14:08:30
Hola, yo tamdien soy un compisitor "Independiente" y me gustaria poder
subir mi música a este sitio y formar parte de este maravilloso grupo de
musicos. No se que es lo que tengo que hacer para eso, pero estoy a su
disposición. Un abrazo para todos
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